Sueño Lacustre
Sentada frente a un lago de agua salobre
y vestida con alhajas y cadenas de cobre,
proclamando por fin su libertad
y viendo su destino con claridad.
Leía poemas de viejos autores
y los veía representados por actores
imaginados, salidos de su cabeza
y avivados por su boca de cereza.
Sus labios daban vida a lo inerte.
Su cálido beso, que a los hombres convierte
los hace, sin quererlo, esclavos de ella
por la simple razón de ser tan bella.
Su vestido de lino blanco y seda
no se ensucia al caminar por la vereda
llena de piedras, lodo y ponzoñosos animales
repleta de peligros monstruosos, colosales.
XXV
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